Skip to main content

De niña rarita a psicóloga
no-convencional

que usa mente y neurociencia para
que desarrolles tu máximo potencial.

A los 4 años descifré un código.

Aprendí a leer sola.

Fue mientras mi madre me veía entretenida con dibujos animados merendando.

No sabía ni qué era “un código” pero lo descifré igual. Noté que tal letra va con tal sonido y viceversa.

Cuando el resto de la clase estaba con el abecedario, yo empezaba a hojear Moby Dick. No entendí gran cosa pero me dio igual.

Lo curioso es que mi madre me contó esto hace solo dos años como si me estuviese contando que había comprado un kilo de tomates.

Y sígueme el rollo que en realidad la historia trata de ti y no de mi.

Porque resulta que todo tiene su código.

Letras, sonidos, palabras.

Tu cabeza tiene sus códigos exactamente igual.

¿O crees que es aleatorio que justo cuando apagas la luz y estás agotada, se te ponga en modo centrifugado y te deje KO al día siguiente, sin batería para seguir con un proyecto que te entusiasma?

O que te repita «no te van a dar ese trabajo a ti» hasta el agobio.

Tampoco es aleatorio que repases cincuenta veces la conversación con tu clienta o con tu madre cuatro horas después de terminarla.

O que te suelte un “tú no puedes” con una puntería asombrosa, justo el día que ibas a lanzar algo nuevo o a apuntarte a clases de bajo.

Detrás de esto, existe un patrón.

Hay un orden en el que sucede. Un código. Y por supuesto una forma de romperlo y cortarlo en seco.

No estás a merced de lo que a tu cabeza le apetezca decirte hoy. Tienes muchísima más agencia que eso.

Y cuando desarrollas esa agencia es cuando puedes desarrollar todo tu potencial: todos tus dones con los que has llegado a este planeta y los que te has encargado de desarrollar tú, pueden salir.

Sólo necesitas descifrar tu código particular.

Eso mismo es lo que me he pasado miles de horas haciendo como psicóloga.

También me ayudó a ser buena descifradora las cientos de horas en la silla opuesta como paciente (trece años en terapia y el 50% pérdida de tiempo, abajo te cuento esta parte).

Así que hice lo mismo que con leer sola: acabé desarrollando un método.

A esto es a lo que me dedico.

El resto del texto es cómo puedo ayudarte a ti ahora a romper tu propio código para que tu cabeza deje de atosigarte y puedas desarrollar plenamente el potencial que hay en ti.

En casa me llamaban rara. Como en el colegio.

A la hora del patio yo me iba con las plantas y con los bichos en lugar de con mis compañeros.

No es que directamente me excluyesen. Es que los bichos me parecían más interesantes.

Por ejemplo:

  • En los veranos con mi abuela, mi parte favorita del paseo de la tarde era pararme en el río con un bote a coger renacuajos. Los miraba un buen rato y luego los devolvía al agua.
  • Paseo insoportablemente lenta según dice todo el que ha paseado conmigo alguna vez. Es que voy echando el ojo a todo lo que se me cruza.
  • Esa misma cosa hace que sea buenísima buscando setas. Fácilmente en un paseo corto puedo regresar con una cesta hasta arriba.

Por esto algo que me repiten todo el tiempo mis mentorizadas es «Irene es que nadie me ve y tú me ves«.

No es que haga algo especial con ellas.

Es que no sé mirar de otra forma.

Como miraba al bote de renacuajos o a las setas.

Y también por eso adulta me dieron un diagnóstico que explicaba bastante bien por qué siempre era la rara:

Superdotación y alta sensibilidad.

Lo entendí, me dio algo de claridad y al día siguiente lo metí en una carpetita y seguí con mi vida.

Porque para saber cómo descifrar a fondo el código de mi propia cabeza no me sirvió de mucho.

Guárdate ese detalle que más abajo vuelvo a este punto y te digo por qué no estoy en contra de etiquetas pero tampoco las uso en mis mentorías.

Esta parte nadie la mira. Y menos una psicóloga.

El gato es mi animal espiritual.

¿Pero no has dicho que eres psicóloga?

Es mejor que lo tengas claro porque si trabajamos juntas, vas a ver a los 5 minutos que yo no dejo fuera esta parte espiritual.

Vuelvo a los gatos: casi todos se me acercan. Incluso los que no se acercan a nadie. Me lo han dicho decenas de veces: “uy, con nadie hace esto”.

También creo que todo en la naturaleza tiene alma. Hasta una piedra.

Estudiar antropología me colocó todas las piezas: los rituales que aquí hacemos medio a escondidas llevan miles de años reproduciéndose en culturas separadas miles de kilómetros.

O sea, que no te lo estás inventando.

Es que tenemos todos casi el mismo cerebro y llegamos por caminos distintos al mismo sitio.

Así que lo espiritual para mí no son cristales de cuarzo, barajas de cartas, mirar la luna o hacer fermentos.

Esas solo son las herramientas.

Y te llevan a tener la sensación de que hay algo por encima de ti que te sostiene, lo cual, dicho sea, te quita una presión brutal: resulta que el mundo no explota si tú cometes un error un martes.

Por eso, opinión impopular: no tener en cuenta la parte espiritual es lo más negligente que hace la salud mental hoy.

Yo no pude sanar del todo hasta que atendí esa parte.

Seguía sin salir del todo del agujero y totalmente desconectada de mi faceta espiritual, pese a haber probado enfoques de todo tipo.

Así que si tú tienes tus rituales, tus cartas, tus piedras o lo que sea, en mis mentorías no tienes que esconderlo, justitificarlo o decir que es “una chorradita que hago yo”.

Así descifro tu propio código.

No te voy a decir que respires. Al menos no de entrada.

Yo por ejemplo me regulo jugando a videojuegos.

De hecho, una de las cosas que me prendó de mi pareja es que se sentó en mi salón y borró del mapa una horda de zombis que me tenía frita.

Ahí ya no me pude resistir.

Y de adolescente aprendí sola a usar un ordenador que no tenía ni Windows instalado. Sin internet, solo explorando con el tecleo para descubrir sus entrañas.

A ver, tenía amigas, pero prefería aquello.

Te cuento esto porque es literalmente mi manera de trabajar: no voy a darte la técnica que toca según tal manual de psicología de 2000 páginas.

Voy a ir a por lo que a ti te funciona y regula de manera natural, que muchas veces ya lo estás haciendo en formato micro, sin saber que es justo eso lo que te sostiene.

La mentoría es para identificar qué acciones de regulación son esas y darles el espacio que necesitan en tu rutina, sin que tengas que invertir dos horas diarias para notar que te bajan los nervios un 5%.

Así son mis mentorías:

2 Sesiones de 45 minutos: No hace falta que me cuentes toda tu vida desde que recuerdas y que te quedes hecha un trapo una semana después. En 45 minutos veo cual es el bloqueo predominante y qué patrón lo está sosteniendo.

Voxer entre sesión y sesión. Es una app gratuita para comunicarnos con notas de voz o con texto. Esto no es un extra aleatorio: es porque cuando quito lo visual me llega la información sobre ti mucho más limpia. Leo lo que hay bajo tus palabras y descifro ese código particular tuyo del que te hablaba al principio. Hablas por Voxer cuando tú escoges (de lunes a viernes). Una mentorizada me lo resumió mejor que yo: «me gusta porque no es estar una hora hablando y luego apáñate tú hasta la semana que viene».

Otras dinámicas: como hipnosis, estimulación bilateral o trabajo con tu parte niña. Aquí es donde empieza a salir lo que no sabías que estaba, y es mi parte favorita, para qué te voy a mentir.

Sin abrir 200 cosas sin cerrar ninguna. Ya sabes lo que pienso de las catarsis. Sólo profundizamos en lo que sé que voy a poder cerrar contigo después en condiciones y que vea que tiene un impacto claro en romper tu bloqueo principal ahora.

Abajo te cuento más sobre las mentorías pero antes te cuento que:
Con 6 años desenterré un hormiguero entero.

Hundiendo las manos en la tierra.

No fue para destrozarlo, más bien para lo opuesto.

Había visto los huevos y me pareció que las hormigas lo tenían muy complicado para salir de ahí, así que decidí echarles una mano.

Lo que pasó a continuación me sirvió para entender algo sobre ayudar a alguien que jamás me dijeron en la facultad.

Lo he usado en casi cada sesión que he hecho y lo he visto hacer a muy pocas colegas.

Te he escrito un mail para contarte qué es.

Dime dónde te lo mando:

Vuelvo a las mentorías:

Tengo dos y las dos son de salud mental.

En realidad mis clientas las llaman la de “salud mental” y la de “negocios”. No son una versión básica y otra premium.

Lo único que cambia es ver la zona exacta en la que te está apretando el zapato.

No hay una para las que “van más adelantadas” y otra para el resto. Son diferentes terrenos en los que desciframos los mismos patrones:

Mentoría de Salud Mental

Para cuando lo que está bloqueado por ansiedad y bucles mentales es tu rutina diaria y moverte hacia las metas que te importan.

Esa sensación de caminar con el freno de mano echado todo el rato. Una tensión interna de fondo que no se va. Hiperanalizarte hasta acabar enfadada contigo. Que decisiones que deberían ser normales y ágiles se conviertan en un drama de 1 mes (mudanzas, aplicar a un empleo, viajes).

Primero descifro tu código y patrón específico a la hora de gestionar lo anterior, lo desactivamos y vamos a por lo que quieres lograr de verdad.

Sesión inicial de 45 min · Voxer diario 2 semanas conmigo · Sesión final 45 minutos · Renovable

500€ (pago único o fraccionado)

Quiero esta

Mentoría de Salud Mental para tu Negocio

Para cuando lo que está bloqueado es lo que haces con tu negocio sobrepensando, corrigiéndote y nunca creyendo que eres lo bastante buena para ayudar a otros.

Tardar cuatro horas en escribir un correo. Llevar meses sin lanzar nada y con ideas atascadas en la cabeza. La procrastinación, que no es otra cosa que tu sistema nervioso esquivando una tarea con la que te relacionas desde perfeccionismo o miedo al rechazo. Y la falacia de: estaré más tranquila cuando venda más (spoiler: vendes más y estás peor porque notas que eres vista y ahora puedes acabar decepcionando a tu clienta).

«Sentir calma» no es la consecuencia de descifrar tu código. Es la base desde la que se construye todo lo que quieres lograr después.

Sesión inicial de 45 min · Voxer diario 2 semanas conmigo · Sesión final 45 min · Renovable

500€ (pago único o fraccionado)

Quiero esta

Historia nada romántica:

La verdad de por qué acabé en psicología.

No te voy a decir que tengo esta vocación específica desde los 2 años. Estuve a punto de estudiar otra cosa.

La Filosofía me tentaba también.

Me decidí por psicología gracias al consejo más pragmático que me han dado en mi vida.

Un profesor del instituto me dijo: ve a psicología, que con filosofía vas a acabar de profe.

Y yo ya había tenido suficiente de instituto, la verdad.

De la carrera lo único que me gustaba de verdad era biología. Casi todo el resto de asignaturas me parecían soporíferas.

Pero biología me tenía fascinada, porque alimentaba a la niña nerd bióloga que vive en mí. La que quiere comprender cómo funcionan sistemas complejos: células, hongos, cerebros.

Si no llega a haber asignaturas de biología, dejo la carrera.

Mi otra motivación es que yo quería entenderme a mí. Porque mi primer ataque de ansiedad «oficial» fue a los 16.

Luego supe que el primero de verdad fue a los 9, estando con mis primas, convencida de que me iba a desmayar allí mismo.

Por eso gran parte de lo que aplico en mis mentorías lo aprendí sentada al otro lado de la mesa.

Como paciente.

13 años en un lado de la mesa que ningún máster, retiro, curso online o formación grupal me van a enseñar.

Por eso sé lo que funciona y lo que es dar palos de ciego.

Como las catarsis grupales, por ejemplo. Llorar delante de 20 desconocidos mientras abres temas traumáticos y después estar 2 semanas con insomnio, ansiedad disparada y dolor de cabeza. Me pasó y lo considero pura pornografía emocional.

O los enfoques que solo se centran en lo «cognitivo-conductual» y dejan toda la parte espiritual fuera. O al revés, los que se centran en «sentirlo todo» y abrir todos los cajones y después dejarte sin saber qué hacer con todo ese desastre.

No te digo que la terapia no sirva.

Te digo que un día me dio por echar la cuenta de lo que me he gastado en mi propia salud mental: cerca de 40.000 €.

La mitad la podría haber tirado directamente por el váter y hoy estaría exactamente igual. O quizá mejor.

Por eso sé cual es la mitad que sirve y no es la que te aparece en reels virales o en libros de autoayuda de «7 días para decir adiós a tu ansiedad».

Te he escrito en un correo específicamente diciéndote qué mitad es la que sirve y cual te puedes saltar:

Psicología para alcanzar tus metas y tu máximo potencial

Psicología para alcanzar tus metas y tu máximo potencial

Psicología para alcanzar tus metas y tu máximo potencial

Psicología para alcanzar tus metas y tu máximo potencial

Psicología para alcanzar tus metas y tu máximo potencial

Traducir »
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.

Cookies estrictamente necesarias

Las cookies estrictamente necesarias tiene que activarse siempre para que podamos guardar tus preferencias de ajustes de cookies.